Ha habido quienes han teorizado sobre la idea que el verdadero poder de los ciudadanos reside en su poder de compra y consumo. Se prima la idea de consumidor sobre la idea de participación política propia del ciudadano. No todos votan pero todos consumimos. Es cierto que cada una de nuestras decisiones económicas configuran un resultado final equivalente a una especie de democracia del mercado pero también es verdad que es más difícil conseguir cambios económicos que cambios políticos.
En todo caso, la ley debe proteger a la parte más débil en los contratos "de adhesión", son contratos en los que nuestra libertad se limita a decir sí o no, y cuando los proponen grandes corporaciones multinacionales que tienen hilo directo con el gobierno y la administración de turno es imprescindible la labor de lobby de las grandes asociaciones de consumidores. Unas asociaciones grandes e independientes que cuenten con medios para hacer oír nuestra voz.
En ese sentido la labor de la asociación de consumidores de productos bancarios es meritoria porque elevan la cultura financiera general, al tiempo que con sus denuncias y acciones puntuales en los tribunales, van obligando a la administración a poner orden en un sector que se parece más a un oligopolio que a un verdadero mercado de libre competencia.
lunes, 5 de mayo de 2008
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