Tengo delante de mí, al escribir estas notas, el artículo de Francisco Cerrillo, Presidente del Consejo Valenciano de Colegios de Procuradores y decano del Colegio de Procuradores de Valencia. Se defiende y defiende a la profesión de unas críticas injustas vertidas en artículo anterior titulado "la justicia empapelada".
Nadie sabe, mejor que los abogados, la aportación inmensa que al funcionamiento de la justicia hacen los procuradores cada día en cada demarcación judicial de nuestro país, yo no sabría trabajar sin la colaboración de estos profesionales y me parece que tampoco querría hacerlo. La complicidad entre abogados y procuradores es una de las pocas garantías que nuestros clientes tienen de que su expediente llegue a buen puerto.
En medio de este clima general de haciendo leña del árbol caído señalar a todos los agentes de la administración de justicia como presuntos culpables y condenarlos sin juicio, uno de los mayores atropellos sería sin duda denigrar una figura tan digna como indispensable para el buen funcionamiento de la administración de justicia.
Es una pena, que por desconocimiento, se arremeta contra esta figura tradicional de nuestro ordenamiento jurídico y sobre todo, porque muchas veces están siendo los procuradores los que están impulsando la modernización de los despachos de sus compañeros abogados, y por emulación planteando la necesidad de que la oficina judicial haga lo propio.
Lo dicho todos pendientes del Pacto de Estado por la Justicia.
lunes, 2 de junio de 2008
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